Esta es la historia de un mito hecho carne.
Esta es la historia de un visionario jugador de fútbol que ayer demostró una vez más que la fuerza de un futbolista no está en la potencia de sus piernas (que tiene de sobra), sino en la fuerza de su corazón para no desanimarse nunca y seguir luchando y disfrutando de cada balón como si fuese el último (no sea que se encale “sin querer”).
Esta es la historia de un hombre llamado “Catapulta Infernal” Eugenio, que se erigió protagonista de la última pachanga, desesperando a sus compañeros del equipo blanco con sus ya míticos “cañonazos al hueco” con los que destrozó mobiliario urbano del campo de fútbol, a los que acompañaba siempre de un “joder” que era coreado cual mantra por esos mismos compañeros y que sorprendió a todos con un auto-gol de tacón ante el acoso psicológico de este vuestro cronista.
Por lo demás, el equipo naranja volvió a ganar por un ajustado 3 a 2, gracias al olfato goleador de Toni (“vejigavacíafutbolistafeliz”) que se empeñó en marcar solamente dos goles y en fallar todas las demás ocasiones de gol que tuvo.
Y el que menos suerte aún tuvo fue “mosquetero” Sergio, que se convirtió junto al mito hecho carne en el fusilero oficial de la portería naranja, donde una vez más la pintura imantada con la que impregnamos nuestros postes se encargó de escupir cualquier intento de tiro lejano del equipo blanco, incluidos dos balones a la cruceta que podían haber cambiado el resultado final.
Y cómo no, el “Capo” Arnaldo volvió por fin a un terreno de juego para presenciar como “marcador andante” Ricardo y “hoymetiroacámaralentaqueelsueloestámuyfrío” Juan participaban en “la falta” del partido no una sino dos veces, repitiendo la misma jugada absurda que terminó con el cancerbero blanco en el suelo.
Y así acabó esta pachanga, con Luisinho agarrado a “soysietevecesmásaltoquetú” Roge en busca de un poco de calor humano como metáfora sudorosa de la armonía que se respiró en el (frío) terreno de juego.
Nos vemos el martes que viene.



