Murieron con las botas puestas…
Apocalipse Now…
La batalla de la colina de la hamburguesa…
Vente a Alemania Pepe…
Grandes masacres cinematográficas que fueron ampliamente superadas en emoción, épica y dramatismo por la primera pachanga del año en la que sólo hubo sitio para los valientes…
17 hombretones acudieron a la llamada de su presidente (gran presidente, mejor persona y que Crom le conceda sexo salvaje por muchos años) y se enfrentaron en el solitario y frío terreno de juego, pero sólo 14 acabaron (más o menos) enteros el partido.
El equipo naranja, comandado por “Xé que bó” Ximo, golpeó primero con un gran gol a pierna cambiada mientras discutía consigo mismo (cual Gollum en “Las Dos torres”) si tiraba con la derecha o con la izquierda.
Y luego… la calma… cada ejército clavó sus estandartes y cavó sus trincheras enfrente de sus porterías, vendiendo caro cada metro de terreno de juego cedido… lo cual es una forma bonita de decir que no tengo ni idea de cómo pudimos pasarnos más de media hora con el marcador 1 a 0 y mandando todos los tiros a puerta por las nubes (por no hacer, no hicimos ni la falta de rigor al “Capo” Arnaldo).
Pero entonces apareció la cabeza de Luisinho, quien, marcando perfectamente todos los pasos (y con alguno más de regalo), cabeceó el balón para colocar el 1 a 1 en el marcador y comenzar la batalla por la Tierra Media de Césped Artificial que coronó a “Chicho Terremoto de Bolsón Cerrado” Carlitos y a “Rodila Biónica e hijo de Glöin” Pablo como máximos goleadores del partido y colocando el marcador en el definitivo 5 a 2 a favor del equipo naranja que volvió a vencer al equipo blanco, donde solamente “soysietevecesmásaltoquetú” Salva consiguió perforar la portería de “porteroparatodo” Juan directamente a quemarropa y por toda la escuadra.
Curiosamente todos los lesionados fueron del equipo naranja, pero dejaremos las acusaciones de juego sucio para el debate post-partido y esperamos que todos se recuperen sin problemas para la semana que viene.
Al final, la imagen de esos 17 hombres (y orcos, aunque no señalo a nadie) valientes cojeando y arrastrándose lastimosamente en la oscuridad del terreno de juego hasta el vestuario, quedará grabada en la memoria de todos los que estuvimos allí y sobrevivimos para contarlo…



