Los Dioses no estaban contentos…
Sus panteones estaban en ruinas y apenas tenían fieles que les rezasen desde la Tierra de los que poder mantener su poder divino.
Ya nadie sacrificaba vírgenes en su honor para calmar su ira…
Ahora había nuevos Dioses contra los que no podían luchar y que arrastraban legiones de seguidores con ellos… legiones que eran suyas por derecho y que ya no aceptaban su divinidad.
Internet, la tele-basura, el “pá amb tumaca”… pero sobre todo había un “nuevo Dios” que hacía demasiado tiempo que les estaba robando poder y seguidores… y era el fútbol…
Encima, cada cuatro años, había una cosa llamada “Mundial” en la que se construían nuevos templos desde los que se adoraba masivamente y se adoctrinaba a las nuevas generaciones en las virtudes de dicho Dios.
Y un día, los viejos Dioses decidieron que era hora de hacer algo… que ya era hora de acabar con ese culto pagano y con la gente que lo practicaba…
Pero como eran Dioses viejos y ya no tenían casi poder, buscaron un pequeño rincón donde comenzar su ataque al Dios del fútbol y lo encontraron en una pequeña población a las afueras de Valencia…
Decidieron que a partir de ese momento pondrían todo su empeño en evitar que se volviese a jugar un partido de fútbol en aquella población.
Pensaron que sería la mejor manera de que la gente recordase su existencia y que poco a poco recuperasen su adoración y el temor a su ira desatada.
Así que aquellos viejos Dioses se reunieron y crearon la mayor de las tormentas posibles que azotó sin piedad el pequeño campo de fútbol donde aquellas insignificantes hormigas practicaban su ritual deportivo. Enseguida, uno de aquellos grupos abandonó el campo en busca de refugio, pero todavía quedaban dos grupos más de jugadores que incluso parecía que se tomaban a guasa el chaparrón que los dioses habían convocado. Eso hizo que su ira aumentase y con ella la intensidad de la lluvia y el viento, consiguiendo que por fin el segundo de los grupos abandonase su terreno de juego. Pero todavía quedaba un grupo…
Los Dioses fijaron su atención en aquellas hormigas insignificantes que seguían despreciando su poder… Vieron como marcaban un gol primero y como marcaban otro gol inmediatamente después… Parecía que disfrutaban jugando bajo la lluvia en lugar de huir aterrados… Y por un breve momento, los Dioses tuvieron miedo, al pensar que si no podían doblegar a aquellos amorfos seres, jamás podrían recuperar su antiguo poder… Así que unieron toda su furia y crearon una granizada que lanzaron sobre el campo, inundándolo de agua y piedra y haciendo que apenas pudiesen ver más allá de sus propias narices…
Por un momento, los Viejos Dioses contuvieron la respiración al ver que los humanos mantenían su posición en el campo, cuando de repente, uno de ellos hizo ademán de abandonar el campo y corrió huyendo en busca de refugio.
Zeus, el mayor y más antiguo de todos los Dioses unidos en los cielos sonrió despectivamente al ver que por fin iba a conseguir su victoria y volvió a centrar su atención en el resto de jugadores, redoblando la intensidad de la lluvia para acabar de una vez por todas con su voluntad…
Pero aquellos seres seguían jugando y uno de los dos equipos disfrazado de colores naranja estaba avanzando hacia la portería contraria y habían colocado a uno de sus jugadores delante del portero del equipo disfrazado de blanco… estaba a punto de marcar un nuevo gol… el delantero chutó la pequeña pelota que superó sin problemas al último defensor y avanzó hacia la portería… pero en un último arrebato de rabia, Zeus convocó el último resquicio de su poder e hizo que el balón acabase frenado por el agua y el viento a un metro escaso de la línea de gol… había conseguido que no marcasen y volvió a sonreír desde las alturas porque sabía que ya no podrían volver a despreciar su poder… Pero de repente, el semblante de Zeus se tornó una mueca de horror al observar que aquella insignificante cucaracha naranja que momentos antes parecía que iba a abandonar el campo, estaba acercándose velozmente hacia el balón en un último intento desesperado de marcar gol… Todos los vientos, truenos y granizos se volvieron rápidamente hacia él para evitar que llegase, pero ya era demasiado tarde… aquél pequeño ser llegó hasta el balón y lo empujó de nuevo al interior de la portería… y luego volvió de nuevo a su campo, plantó ambos pies en el suelo y alzó victorioso sus brazos hacia el cielo mientras gritaba con todas sus fuerzas ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL! Y la furia de Zeus ennegrecía el cielo a su alrededor…
Los Viejos Dioses empezaron a huir atemorizados al ver que su poder disminuía y que habían malgastado inútilmente su última oportunidad de volver a reinar en la Tierra… y solo quedó Zeus, abatido y moribundo, mientras en aquel pequeño campo de fútbol, 14 insignificantes hormigas tenían incluso la audacia de inmortalizar aquel momento en una foto, sin saber que lo que había sucedido aquel día en el campo, había salvado a su civilización …
Y sus nombres quedarían grabados en los “anales” de la historia secreta del fútbol…
“Cerrojo” Montero
“Pulmón de acero” Nacho
“Escarabajo” Salva
“Psicólogo de la muerte” Pepe
“Vejiga de cristal” Toni
“Correcaminos” Juanjo
“Padre de familia” Juanjo
“Torpedo Müller” Miguel
“Oh, capitán, mi capitán” Luisinho
“Marcador andante” Ricardo
“Rodilla biónica” Pablo
“Michael-nator”
“Bailarina man” Kevin
Y “xé que bó” Ximo…
A todos ellos, y a todos los que alguna vez compartieron su pasión por las pachangas de los jueves, va dedicada esta crónica…


