Rojos contra blancos en digital y tal y tal…

Los más viejos del lugar cuentan, que hace no muchos años, un alto, esbelto y melenudo bardo cantaba las andanzas de un grupo de valientes y sudorosos guerreros que cada jueves se reunían para celebrar una suerte de ritual. En dos grupos de 7 individuos cada uno se enfrentaban sobre un tapete verde por ver cual era capaz de perforar la puerta rival en más ocasiones. Siempre que el tiempo, el clima, la edad y el desgaste físico individual se lo permitía a todos y cada uno de ellos.

Dicen incluso que tras este derroche de habilidad, energía y técnica, algunos aún tenían fuerzas para cumplir con un segundo ritual a puerta cerrada entre duchas, desnudos y perversión. Pero no hay constancia escrita de todo eso. Sólo de sus ágapes, francachelas y jolgorios cada cierto tiempo, en los que la cerveza corría cómo el Danubio a su paso por Viena, y la comida volaba cual jauría de hienas devorando a un ñu.

Aquel bardo, comúnmente conocido como «el Bardo Ricardo», bautizó a todos y cada uno de ellos con curiosos nombres como «El capo», «Xe que bo», «Rodilla biónica» o «Cerrojo-Man», incluso, según sus propias crónicas, llegó a infiltrarse entre ellos para comprobar de primera mano lo adictivo de aquel juego. Es más, dicen que a día de hoy se ha convertido en su dealer cultural y les provee habitualmente de su dosis de literatura popular (todo sin ánimo de lucro, sólo para alimentar a todas esas mentes inquietas. De ahí su mantra «mens sana in corpore pachucho»).

Hoy, casi 10 años después de aquellas andanzas nace este proyecto digital y tal y tal, donde aquellos guerreros, los que estaban, los que ya no están y los que han llegado después, pueden conocer un poco más sobre la historia de este gran grupo de «hominidodeportistas». Y aún más, pueden continuar siendo parte de ella en las futuras andanzas que están por llegar.

En una antigua abadía gregoriana de finales del siglo XI, ubicada en la cima de un acantilado a orillas del atlántico, en la más oscura y tenebrosa de sus estancias, llenas de polvo y telarañas, fueron rescatadas hace no mucho varias de aquellas crónicas que a partir de ahora podréis consultar en ésta nuestra comunidad (y cada día la de más gente). Y si el tiempo, los avances tecnológicos y el esfuerzo titánico de un par de voluntarios lo permite, intentaremos encontrar algunas más, rescatarlas, y traerlas aquí para vuestra lectura y disfrute.

Se despide sin más este humilde servidor electrónico (aunque no de correo), esperando que os guste nuestro nuevo rincón digital y tal y tal…

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